viernes, 5 de octubre de 2012

Demagogia sobre la reforma laboral

Si usted y yo nos atenemos a las explicaciones que a plana entera y como inserción pagada en buena parte de los diarios, brinda el Grupo Parlamentario del Partido Revolucionario Institucional en San Lázaro, resulta que la iniciativa preferente de reforma laboral de Felipe Calderón – modificada en sólo “una quinta parte” (Rosalinda Vélez Juárez dixit), tiene “el propósito de facilitar la creación de empleos con pleno respeto a los derechos laborales de los trabajadores y para dotar de certeza jurídica a los inversionistas”.

E insisten los diputados del autodenominado “nuevo PRI”, mismo que no acaba de aparecer, que “con esta reforma buscamos que a México le vaya bien, (naturalmente que no precisan qué entienden por México) con la garantía de más empleos y mejores salarios, con ello estamos construyendo las bases de un México mejor”.

A renglón seguido enlistan 10 trascendentes bondades de la reforma que aún debe transitar por el Senado, enseguida ser aprobada por la mitad más uno de los congresos de los estados y publicarse en el Diario Oficial de la Federación, si antes no se cumple el augurio de que “terminará feneciendo ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación”, porque “está viciada en su forma”, como sostienen Elisur Arteaga Nava, Clemente Valdés y Luis Argüelles Meraz, expertos en amparo y con amplia experiencia en la redacción de acciones de inconstitucionalidad y controversias constitucionales.
Bondades que también destaca el discurso presidencial que saturará a las estaciones de radio y los canales de televisión del oligopolio, durante los 58 días que aún le quedan al “gobierno del presidente de la república”, salvo el pronóstico mencionado en el párrafo anterior.
Para el señor que desde la campaña de enero-julio de 2006 prometió ser “el presidente del empleo” con los más que modestos resultados que documenta el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática, la aprobada por la Cámara de Diputados “es una reforma que permitirá contratar a miles y miles de jóvenes y de mujeres, a miles y miles de trabajadores, que en este momento no tienen trabajo. Ése es el principal objetivo de la iniciativa de reforma laboral”.

A “los miles y miles” que festina Calderón Hinojosa, su secretaria del Trabajo le pone números: 400 mil “empleos adicionales a los que actualmente se están creando”. Pero Vélez Juárez no se tomó la molestia de explicar en qué sustenta su proyección, su irresponsable optimismo del que no dará cuentas a nadie, pues el próximo 30 de noviembre concluye como titular de la STPS, la que tanto desmanteló en sus funciones originarias de previsión social el hoy rijoso senador Javier Lozano Alarcón. Lo cierto es que sólo por el crecimiento demográfico, México necesita un millón de empleos anuales.
En efecto, se trata de crear empleos pero los costos sociales a pagar por los asalariados apuntan a ser demasiado altos.

Cierto es que la precarización del trabajo constituye una de las tendencias más sólidas del capitalismo salvaje y que la economía mexicana está urgida de competir con otras de la aldea global sobre la base de abaratar la fuerza de trabajo para que la inversión extranjera fluya con mayor consistencia, garantizándole mejores utilidades que en China, donde el salario de los trabajadores de las manufacturas mantiene una tendencia al fortalecimiento. Igual sucede en la mayor parte de los países de Suramérica. Es decir, el abaratamiento de los salarios no es ni el único ni el mejor camino para incrementar la productividad.
Pero los diputados del tricolor están instalados en el viejo discurso demagógico que los lectores mexicanos aprendieron a interpretar al revés.

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